

{"id":15489,"date":"2021-03-23T08:54:02","date_gmt":"2021-03-23T11:54:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iar.unlp.edu.ar\/?p=15489"},"modified":"2026-07-24T10:49:29","modified_gmt":"2026-07-24T13:49:29","slug":"viaje-undecimo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iar.unlp.edu.ar\/index.php\/2021\/03\/23\/viaje-undecimo\/","title":{"rendered":"Viaje Und\u00e9cimo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\">A\u00f1o 19 N\u00famero 72 \u2013 Marzo 2021<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Stanis\u0142aw Lem<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda empez\u00f3 mal. El desorden reinante en casa desde que mand\u00e9 a mi criado al taller de reparaciones, crec\u00eda de manera alarmante. No pod\u00eda encontrar nada. En mi colecci\u00f3n de meteoritos hicieron su nido unos ratones. Han ro\u00eddo el m\u00e1s bonito de mis condritos. Cuando hac\u00eda el caf\u00e9, se sali\u00f3 la leche. Ese imb\u00e9cil el\u00e9ctrico hab\u00eda guardado los pa\u00f1os de cocina con los pa\u00f1uelos. Deb\u00eda haberlo hecho revisar hace tiempo, cuando empez\u00f3 a embetunar mis zapatos por dentro. Tuve que usar, en vez de un pa\u00f1o, un paraca\u00eddas viejo. Fui arriba, quit\u00e9 el polvo a los meteoritos y puse una ratonera. Yo mismo hab\u00eda cazado todos los ejemplares de mi colecci\u00f3n. No cuesta mucho: basta con ponerse detr\u00e1s del meteorito y echarle una red encima. De repente me acord\u00e9 de las tostadas y baj\u00e9 corriendo. Evidentemente, se hab\u00edan carbonizado. Las ech\u00e9 al fregadero. Se obtur\u00f3, claro est\u00e1. Me encog\u00ed de hombros y fui a echar una mirada al buz\u00f3n. Estaba lleno del habitual correo de las ma\u00f1anas: dos invitaciones a congresos en unos poblachos provincianos de la nebulosa de C\u00e1ncer, impresos publicitarios de una pasta para pulir cohetes, un n\u00famero nuevo del <em>Viajero a Reacci\u00f3n<\/em>. De interesante, nada. En el fondo del buz\u00f3n hab\u00eda un sobre grueso de color oscuro, con cinco sellos de lacre encima. Lo sopes\u00e9 en la mano y lo abr\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">           El Plenipotenciario Secreto para los asuntos de Rerecom tiene el       honor de invitar al Sr. D. Ijon Tichy a una reuni\u00f3n que tendr\u00e1 lugar el 16 del mes en curso a las 17.30 horas en la sala peque\u00f1a de Lambretanum. Se verificar\u00e1n estrictamente las invitaciones. Entrada con radiograf\u00eda previa.                     Rogamos mant\u00e9ngase el secreto. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Firma ilegible, sello<br>  y otro sello encarnado, oblicuo:<br> ASUNTO DE IMPORTANCIA C\u00d3SMICA. \u00a1\u00a1SECRETO!!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bueno, por fin algo, pens\u00e9. Rerecom, Rerecom\u2026 Conoc\u00eda el nombre, pero no pod\u00eda acordarme de qu\u00e9. Busqu\u00e9 en la <em>Enciclopedia C\u00f3smica<\/em>. Hab\u00eda solo Rerelania y Rerempilia. \u00a1Curioso! Tampoco en el <em>Almanaque<\/em> hab\u00eda nada bajo esta voz. S\u00ed, era de verdad interesante. Seguro, seguro, un Planeta Secreto. &#8220;Me gusta&#8221;, dije para m\u00ed mismo, y empec\u00e9 a vestirme. Eran apenas las diez, pero ten\u00eda que contar con la ausencia del criado. Encontr\u00e9 los calcetines en la nevera casi en seguida; me parec\u00eda que yo pod\u00eda seguir el curso de las ideas de un cerebro electr\u00f3nico averiado cuando me enfrent\u00e9 con un hecho extra\u00f1o: en toda la casa no hab\u00eda un solo par de pantalones. Ni uno. En el armario s\u00f3lo hab\u00eda chaquetas. Revolv\u00ed toda la casa, incluso saqu\u00e9 todos los trastos del cohete: nada. Constat\u00e9 solamente que aquel idiota deteriorado se hab\u00eda bebido todo el aceite que guardaba en la cava. Deb\u00eda haberlo hecho no hac\u00eda mucho, porque hab\u00eda contado las latas la semana pasada y todas estaban llenas. Esto me irrit\u00f3 de tal manera que reflexion\u00e9 seriamente si no era mejor venderlo para chatarra. Como no le gustaba levantarse temprano, llevaba meses tap\u00e1ndose los o\u00eddos con cera al acostarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya pod\u00eda yo tocar el timbre! Luego ment\u00eda y dec\u00eda que era por distracci\u00f3n. Le amenac\u00e9 varias veces gritando que le desenroscar\u00eda los fusibles, pero \u00e9l se limitaba a contestarme con un zumbido. Sab\u00eda que le necesitaba. Recurr\u00ed al sistema de Pinkerton. Divid\u00ed la casa en cuadrados y proced\u00ed a un registro tan minucioso, que no se me hubiera escapado un alfiler. Por fin encontr\u00e9 un tal\u00f3n de una tintorer\u00eda. El canalla hab\u00eda llevado todos mis pantalones a limpiar. \u00bfPero qu\u00e9 fue de los que llevaba el d\u00eda anterior? Era in\u00fatil: no pude recordarlo. Mientras tanto, lleg\u00f3 la hora de la comida. No val\u00eda la pena abrir la nevera: fuera de los calcetines, conten\u00eda solamente papel de cartas. Era un verdadero desespero. Saqu\u00e9 del cohete la escafandra, me la puse y me fui a la tienda m\u00e1s cercana. La gente me miraba un poco en la calle, pero compr\u00e9 dos pantalones, uno negro y otro gris, y volv\u00ed llevando todav\u00eda la escafandra; me cambi\u00e9 y, rabioso, me march\u00e9 a un restaurante chino. Com\u00ed lo que me dieron, ahogu\u00e9 la ira en una botella de vino de Mosela y, al mirar mi reloj, vi que eran ya las cinco. Hab\u00eda desperdiciado casi todo el d\u00eda. Delante de Lambretanum no hab\u00eda ning\u00fan helic\u00f3ptero, ning\u00fan coche, ni siquiera el m\u00e1s peque\u00f1o cohete, nada. &#8220;\u00a1Anda! \u2014pens\u00e9\u2014. \u00a1Las cosas van en serio!&#8221; Atraves\u00e9 un extenso jard\u00edn lleno de dalias y llegu\u00e9 a la entrada principal. Pas\u00e9 mucho tiempo llamando a la puerta antes de que abrieran. Finalmente se levant\u00f3 el obturador de una mirilla selectiva, un ojo invisible me escudri\u00f1\u00f3 de arriba abajo. Luego la puerta se entreabri\u00f3, dej\u00e1ndome apenas sitio para pasar. \u2014El se\u00f1or Tichy \u2014dijo a un micr\u00f3fono de bolsillo el hombre que hab\u00eda abierto la puerta\u2014. Haga el favor de subir \u2014me orden\u00f3\u2014. La puerta a la izquierda. Le est\u00e1n esperando. Arriba reinaba un agradable frescor. Entr\u00e9 en una sala de dimensiones reducidas y me encontr\u00e9 con un grupo realmente selecto. Fuera de dos individuos detr\u00e1s de la mesa presidencial que nunca hab\u00eda visto antes, en las butacas de terciopelo estaba sentada la flor y nata de la cosmograf\u00eda. Entre otros, estaba all\u00ed el profesor Gargarrag con sus ayudantes de c\u00e1tedra. Salud\u00e9 a los presentes y me sent\u00e9 en uno de los asientos de atr\u00e1s. Uno de los individuos de la mesa presidencial, alto, de sienes plateadas, sac\u00f3 del caj\u00f3n una campanita de goma y la agit\u00f3 sin hacer el menor ruido. &#8220;\u00a1Qu\u00e9 precauciones tan extraordinarias!&#8221;, pens\u00e9. \u2014Se\u00f1ores rectores, decanos, profesores, ayudantes mayores y t\u00fa, egregio Ijon Tichy \u2014 pronunci\u00f3, poni\u00e9ndose de pie el hombre de sienes canosas\u2014; en mi car\u00e1cter de plenipotenciario para los asuntos de importancia secret\u00edsima, abro la sesi\u00f3n especial, consagrada al problema de Rerecom. Tiene la palabra el consejero secreto, Xaphirius. Se levant\u00f3 en la primera fila un hombre fornido, de pelo blanco como la leche, de hombros anchos. Subi\u00f3 al podium, se inclin\u00f3 levemente ante los reunidos y abord\u00f3 sin rodeos el tema. \u2014\u00a1Caballeros! Hace sesenta a\u00f1os aproximadamente, sali\u00f3 del puerto planetario de Yokohama una nave de carga de la Compa\u00f1\u00eda L\u00e1ctea, <em>Deid\u00f3n II<\/em>. La nave, bajo el mando del experimentado especialista Astrocencio Peapo, llevaba carga diversa para Areclandria, un planeta de Gamma de Ori\u00f3n. Fue vista por \u00faltima vez desde un faro gal\u00e1ctico en las cercan\u00edas de Cerbrea, desapareciendo acto seguido sin dejar rastro. La Compa\u00f1\u00eda de Seguros Sec\u00faritas C\u00f3smica, siglas SECOS, pag\u00f3 al cabo de un a\u00f1o la indemnizaci\u00f3n \u00edntegra por la nave desaparecida. Unas dos semanas despu\u00e9s, un radioaficionado de Nueva Guinea capt\u00f3 el radiograma siguiente. El orador cogi\u00f3 un papel de la mesa y ley\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">ORDENACITO LOCACITO <br>ZOCORRU\u00d1O DEIDONCIO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Aqu\u00ed, se\u00f1ores, tengo que entrar en unos detalles, imprescindibles para la comprensi\u00f3n del problema. Aquel radioaficionado era un novato y, por a\u00f1adidura ceceaba. Por la fuerza de la costumbre y tambi\u00e9n, como debe suponerse, por su ignorancia, deform\u00f3 el radiograma, que, seg\u00fan la reconstrucci\u00f3n efectuada por los expertos en Galactoclave, dec\u00eda: &#8220;Ordenador enloqueci\u00f3 socorro <em>Deid\u00f3n<\/em>&#8220;. Los especialistas determinaron bas\u00e1ndose en este texto, que en pleno espacio hab\u00eda ocurrido un hecho, poco frecuente, de sublevaci\u00f3n del ordenador de la nave. Puesto que desde el momento de la paga de indemnizaci\u00f3n a los armadores, estos \u00faltimos no pod\u00edan ya tener pretensi\u00f3n algunas sobre la nave desaparecida ni sobre su carga, por haber pasado ambas a ser una propiedad legal de SECOS, dicha compa\u00f1\u00eda contrat\u00f3 a la agencia Pinkerton, en las personas de Abstracio y Mnemonio Pinkerton, para que se encargara de la investigaci\u00f3n correspondiente. Las pesquisas, llevadas por detectives de tanta experiencia, descubrieron que, en efecto, el ordenador del Deid\u00f3n, modelo de gran lujo y \u00faltimo grito en su tiempo, pero de una edad ya avanzada en el \u00faltimo viaje, llevaba tiempo quej\u00e1ndose de un miembro de la dotaci\u00f3n. Aquel cohetero, un tal Simile\u00f3n Guitterton, le irritaba, al parecer, de m\u00faltiples maneras: le rebajaba la tensi\u00f3n de entrada, daba cachetes a las bombillas, le hac\u00eda objeto de sus burlas, llegando incluso a darle apodos ofensivos, tales como &#8220;mont\u00f3n de hojalata chocheante&#8221;, o &#8220;rollo de alambre torp\u00f3n&#8221;. Guitterton lo neg\u00f3 todo, afirmando que el ordenador ten\u00eda, simplemente, alucinaciones, lo que a veces pasa a los electrocerebros de edad provecta. En todo caso, el profesor Gargarrag les hablar\u00e1 dentro de un momento de este aspecto de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8220;No se consigui\u00f3 encontrar la nave durante el decenio siguiente. Sin embargo, al cabo de esos a\u00f1os, los agentes de Pinkerton, que no cesaban de ocuparse de la misteriosa desaparici\u00f3n del Deid\u00f3n, se enteraron de que delante del restaurante del hotel Galax sol\u00eda sentarse un mendigo, medio loco e inv\u00e1lido, que cantaba historias extra\u00f1\u00edsimas, haci\u00e9ndose pasar por Astrocencio Peapo, el ex comandante de la nave. El anciano, desali\u00f1ado a m\u00e1s no poder, afirmaba, en efecto, que era Astrocencio Peapo pero no solamente no estaba en sus cabales, sino que, por a\u00f1adidura, hab\u00eda perdido la facultad de hablar y s\u00f3lo pod\u00eda cantar. Indagado con paciencia por los hombres de Pinkerton, cont\u00f3 una historia inveros\u00edmil, en la cual sosten\u00eda que en la nave hab\u00eda ocurrido algo terrible, como consecuencia de lo cual \u00e9l, echado por la borda sin m\u00e1s equipaje que la escafandra que llevaba puesta, tuvo que volver a pie, junto con un reducido grupo de coheteros adictos, desde la Gran Nebulosa de Andr\u00f3meda a la Tierra, lo que le llev\u00f3 doscientos a\u00f1os. Viaj\u00f3, al parecer, sea en unos meteoritos cuya direcci\u00f3n le conven\u00eda, sea en cohetestop, recorriendo una peque\u00f1a parte del camino en un Lume\u00f3n, una sonda c\u00f3smica inhabitada, que se dirig\u00eda hacia la Tierra a una velocidad cercana a la de la luz\u2026 Aquel viaje a horcajadas sobre el lomo del Lume\u00f3n le perjudic\u00f3 (as\u00ed lo afirma), priv\u00e1ndole del habla; en cambio le rejuveneci\u00f3 mucho, gracias al fen\u00f3meno, bien conocido, de la contracci\u00f3n del tiempo sobre los cuerpos que se mueven a velocidades vecinas a la de la luz.&#8221; Ese fue el relato, o mejor dicho, el canto de cisne del anciano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es la situaci\u00f3n, se\u00f1ores, que nos oblig\u00f3 a convocar la reuni\u00f3n presente; para demostrarles la gravedad de las circunstancias, a\u00f1adir\u00e9 que <em>El Correo Electr\u00f3nico<\/em>, \u00f3rgano oficial del ordenador, public\u00f3 el mes pasado un art\u00edculo que cubr\u00eda de oprobio a todo el \u00e1rbol evolutivo del hombre y clamaba por la anexi\u00f3n de la Tierra por Rerecom, basando su postulado en la tesis seg\u00fan la cual los robots representan una fase de desarrollo superior a la de los seres vivos. He terminado, caballeros. Doy la palabra al profesor Gargarrag.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encorvado bajo el peso de los a\u00f1os, el famoso especialista en psiquiatr\u00eda el\u00e9ctrica subi\u00f3, no sin dificultad, al podium. \u2014\u00a1Se\u00f1ores! \u2014dijo en voz temblorosa, pero todav\u00eda sonora\u2014. Sabemos, desde hace mucho tiempo, que los cerebros electr\u00f3nicos no solamente se construyen, sino tambi\u00e9n educan. La suerte de un cerebro electr\u00f3nico es dura. Trabajo sin tregua, c\u00e1lculos complicados, brutalidades y bromas vulgares de los que les atienden\u2026; he aqu\u00ed a lo que est\u00e1 expuesto ese aparato, tan delicado en su esencia. No es extra\u00f1o, pues, que le ocurran depresiones, cortocircuitos que, a veces, son tentativas de suicidio. No hace mucho tuve en mi cl\u00ednica uno de estos casos. Un desdoblamiento de personalidad: dichotom\u00eda profunda psychogenes electrocutiva alternans. Aquel cerebro se escrib\u00eda a s\u00ed mismo unas cartas cari\u00f1osas, llam\u00e1ndose en ellas \u00abbobinita guapa\u00bb, \u00abalambrito m\u00edo\u00bb, \u00ablamparita de mi vida\u00bb, s\u00edntomas manifiestos de la necesidad de ternura, de un trato cordial y entra\u00f1able. Una serie de choques el\u00e9ctricos y un reposo prolongado le devolvieron la salud. O bien el tremor el\u00e9ctricus frigoris oscillativus, se\u00f1ores. El cerebro electr\u00f3nico no es una m\u00e1quina de coser con la cual se puede clavar clavos en la pared. Es un ser consciente que se da cuenta de todo lo que pasa a su alrededor y, por eso, a veces, en los momentos de un peligro c\u00f3smico, se pone a temblar tanto, junto con toda la nave, que a los hombres les cuesta mantenerse de pie en el puente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Levant\u00e9 la mano. El presidente me mir\u00f3 sorprendido y, al cabo de un momento de duda, me dio la palabra. \u2014Caballeros \u2014dije, poni\u00e9ndome en pie\u2014, como veo, el problema es muy serio. Me doy cuenta de ello ahora, despu\u00e9s de haber o\u00eddo el an\u00e1lisis exhaustivo del profesor Gargarrag. Quiero hacer a esta respetable reuni\u00f3n una oferta. Estoy decidido a dirigirme solo a la zona de Proci\u00f3n para investigar qu\u00e9 es lo que pasa all\u00e1, descubrir el misterio de la desaparici\u00f3n de miles de hombres enviados por ustedes, as\u00ed como para encontrar, si es posible, un modo de solucionar pac\u00edficamente el conflicto que nos amenaza. Me doy perfecta cuenta de las dificultades de esta empresa, la m\u00e1s ardua de todas las que hasta ahora me he propuesto; pero hay momentos en que se debe actuar, sin calcular las posibilidades de victoria ni riesgo. Por lo tanto, caballeros\u2026 Un trueno de aplausos interrumpi\u00f3 mis palabras. No hablar\u00e9 del transcurso ulterior de la reuni\u00f3n, porque no me gusta insistir en la descripci\u00f3n de ovaciones que se me rinde. La Comisi\u00f3n y la Junta me otorgaron todos los plenos poderes posibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left wp-block-paragraph\"><strong>&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-css-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fuente: <\/strong>Fragmento del cuento <em>Viaje und\u00e9cimo<\/em>. En: Diarios de las estrellas \/ Stanis\u0142aw Lem; Jadwiga Maurizio. Madrid : Alianza Editorial, 2013 <a href=\"https:\/\/www.worldcat.org\/title\/diarios-de-las-estrellas\/oclc\/995372709\">https:\/\/www.worldcat.org\/title\/diarios-de-las-estrellas\/oclc\/995372709<\/a><\/p>\n\n\n<hr \/>\n<div class=\"wp-block-button is-style-default\"><a class=\"wp-block-button__link has-text-color has-very-light-gray-color has-background\" style=\"background-color: #303f9f;\" href=\"https:\/\/www.iar.unlp.edu.ar\/index.php\/boletin\/boletin-radiostronomico-15\/\">Volver<\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00f1o 19 N\u00famero 72 \u2013 Marzo 2021 Por Stanis\u0142aw Lem El d\u00eda empez\u00f3 mal. 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